Abadía de Fontfroide

Después de comer en Termes, viajamos hacia la cercana Abadía de Fontfroide. El bello paisaje y el asfalto mojado hizo que el viaje durase más de una hora.

De Termes a Fontfroide

En el camino podéis divisar el Chateau de Saint Martin de Toques (s. XII), actualmente propiedad privada

Llegamos a las 16:00 y dejó de llover… ¡¡menos mal!!, así que compramos las entradas. Os dejamos este enlace con los horarios y precios de la Abadía de Fontfroide. Es algo cara, pero tenéis reducción de precio si usáis el Passeport des sites y merece mucho la pena. El resto de abadías del sur de Francia, aunque magníficas, no nos impactaron tanto como Fontfroide, por lo que es aconsejable no verla la primera como hicimos nosotros.Panorámica de la Abadía de FontfroideCon las entradas te entregan este folio color amarillo (¿será por nuestra bandera?) con un mapa de la Abadía e información histórica bastante completa. Ya sabemos que a vosotros os sale blanco, ¡¡cosas del escaner!! 🙂

Pinceladas de Historia

La Abadía de Fontfroide se fundó en el s. XI como monasterio benedictino, cerca del arroyo que le da nombre (fons frigida). Cincuenta años después, la influencia de Bernardo de Claraval hizo que ingresasen en la Orden del Císter, y en la actualidad es uno de los conjuntos monásticos mejor conservados de esta orden.

Bernardo de Claraval

Inicial “B” de Bernardo de Claraval de un manuscrito iluminado del s. XIII

Durante la herejía cátara en el s. XIII, la Abadía de Fontfroide adquirió gran importancia cuando dos de sus monjes fueron nombrados legados papales con plenos poderes para acabar con los renegados. Uno de estos legados era Pierre de Castelnau, que excomulgó al conde Ramón VI de Tolosa y fue asesinado por alguien cercano al conde, lo que provocó el inicio de la Cruzada Albigense.

El final de la guerra supuso un nuevo empuje constructivo en la abadía hasta la decadencia provocada por la peste en el s. XIV que culminaría con su abandono a finales del s. XVIII. Este abandono evitó que sufriese graves daños durante la Revolución Francesa.

Vinicultura en la Abadía de Fontfroide

Azulejo del s. XVIII mostrando las técnicas vinícolas de los monjes de la Abadía de Fontfroide

A pesar de una breve ocupación de una comunidad cisterciense durante finales del s. XIX, finalmente la abadía pasaría a manos privadas a principios del s. XX, iniciándose grandes labores de restauración que nos permiten admirar hoy día esta joya cisterciense. Una de las modificaciones más importantes fue la creación en 1990 del rosal más imponente del Midi francés.

El Carro de Apolo

Justo antes de atravesar las puertas de entrada se encuentra esta fuente del s. XVII recientemente restaurada, El Carro de Apolo.

La Visita a la Abadía de Fontfroide

Nosotros visitamos los jardines y la abadía por libre. Como el tiempo era limitado, nos dirigimos directamente al patio de honor, atravesando sus puertas del s. XVII.

En su momento el patio de honor era una sala donde se alojaban los hermanos legos. Los hermanos legos son monjes orientados a las actividades de carácter más físico (también se les llama hermanos conversos, nombre que se usa en la hoja informativa amarilla) en contraste con los monjes de coro (que oran y estudian). Posteriormente y con la reducción del número de hermanos, esta zona se usaría como hospedería.

Patio de honor de la Abadía de Fontfroide

El patio de honor está limitado por una gran arcada, cuyo arco central tiene una reja de hierro y un frontal clásico.

En el lateral, una puerta permite acceder a una enorme sala que era el refectorio de los hermanos legos y que podía acoger unos 200 monjes. La nave mide cerca de 50 metros y consta de cinco tramos cubiertos con bóvedas ojivales y una espléndida chimenea renacentista.

Refectorio de la Abadía

Las dimensiones del refectorio son impresionantes, y su acústica también.

Rejas

En el muro norte del refectorio se encuentra esta bella reja que permite ver la fuente de la entrada.

Seguimos nuestro camino hacia el mal llamado patio de Luis XIV, puesto que se construyó casi seis décadas después de su reinado. En el centro tiene un pozo de frías aguas que como hemos visto son el origen del nombre de la Abadía. Este patio está más elevado que la sala anterior debido a los escombros de la demolición de edificios anteriores.

Patio de Luis XIV

El Patio Luis XIV y el pozo

Abandonamos el patio y accedemos al callejón de los hermanos legos, que les permitía acceder al refectorio y al pasa-platos de la cocina. Estas zonas eran comunes para todos los monjes y el punto de unión de dos formas de vida distintas que debían mantenerse separadas.

abadia_fontfroide7Desde el callejón, una puerta de hierro forjado da acceso al corazón de la abadía y uno de sus elementos más espectaculares, el claustro.

Aunque fue construido en dos periodos (s. XII y s. XIII) y dos estilos diferentes (románico y gótico), apenas se aprecia debido a la armonía de sus galerías abovedadas que recaen sobre capiteles florales.

Cloitre.Fontfroide.2

Imagen del claustro de Fontfroide procedente del Diccionario razonado de la arquitectura francesa de los siglos XI al XVI (1856) de Eugène Viollet-le-Duc

A lo largo de la galería sur se pueden encontrar bancos que usaban los monjes para leer o meditar. Igualmente se pueden ver dos cuencos de piedra usados para lavarse los pies, ritual que se realizaba de forma semanal.

Claustro

El claustro es colorido y espectacular… ¡¡y encima en ese momento dejó de llover!!

En la Galería este se encuentra la espléndida sala capitular, una obra maestra del arte románico que se mantiene sobria y majestuosa con sus más de ocho siglos de historia.

Sala capitular

La sencillez de la sala capitular hace que sea todavía más bonita

La iglesia abacial tiene planta de cruz latina y se encuentra en el punto más elevado del monasterio. Se divide en cinco tramos y posee una bóveda de cañón de 20 metros de altura. En el lado sur se abren cinco capillas del s. XIV. Las coloridas vidrieras no son las originales, puesto que existía una norma muy rigurosa que decía que las ventanas sólo podían tener cristales monocolor. Las cinco vidrieras laterales de la zona norte representan la vida de san Francisco de Asís.

Iglesia abacial

Si os fijáis bien, veréis que en la zona central no hay clave, sino simplemente una abertura circular

Una gran escalera comunica la iglesia abacial con el dormitorio de los monjes, que se encuentra sobre la sala capitular. Cuando se elevaron las galerías del claustro, se cubrieron las ocho aberturas que tenía esta sala en el lado oeste. La particular acústica de este lugar hizo que se acondicionase en el s. XX como sala de música, instalándose además vidrieras … ¡¡de papel!!.

Dormitorio de los monjes

Salimos ya para ver la puerta románica, que servía como entrada principal y la capilla de los extranjeros, que es la única construcción que perdura del primitivo monasterio antes de dirigirnos a los jardines.

Los jardines de la Abadía de Fontfroide

Rosaleda

Este jardín de 3.000 rosales ocupa lo que era el antiguo cementerio, que dejó de funcionar en el s. XVII y que todavía alberga más de dos mil sepulturas. Fue una pena ir en verano, porque en primavera debe ser espectacular. También hay un pequeño jardín de plantas aromáticas, que se conoce como cercado de San Simón.

Cercado de san SimónCuando terminamos la visita de la abadía en sí nos acercamos para ver los jardines en terrazas creados en el s. XVI. Se encuentran justo a la derecha de la puerta de entrada al patio de honor, pero ya estaban cerrados.

jardines

El entorno

Los monjes construyeron su Abadía en el escondido valle de la parte inferior del macizo de Corbières. Hoy día esta zona pertenece al Parque Natural Regional de Narbona y ofrece multitud de rutas para senderistas y ciclistas.

Como era tarde no pudimos hacer ninguna ruta, pero subimos un poco por el monte para poder observar mejor el complejo monacal.

La Bodega

Antes de marcharnos pasamos por la bodega de la Abadía para catar vinos D.O. Corbières. pero poquito porque hay que conducir 🙂  . Nosotros somos más cerveceros, pero como estaba bien de precio, compramos una botella de vino para regalar.

Bodega

Rumbo a Narbona

Como eran ya las seis de la tarde pusimos rumbo a nuestro centro de operaciones durante los próximos tres días, el Hotel Le Regent (15 Rue Suffren, Narbona).

Llegamos e unos 20 minutos y ¡hacía un sol radiante!! así que cambiamos el chubasquero por las gafas de sol. Ya habíamos avisado por mail al hotel de que llegaríamos tarde y como no hay recepción 24 horas nos contactaron por SMS y por mail diciéndonos dónde nos dejaban la llave de acceso.

En recepción hablan español, y nuestra habitación estaba en la primera planta, cosa que agradecimos porque no hay ascensor ¡¡con los maletones que llevamos!! El hotel destaca por su fantástica ubicación, la facilidad para aparcar (y gratis); el WIFI gratis y de calidad; y el precio. Por norma general los hoteles de Narbona o son muy caros o están fatal ubicados y comunicados. Eso sí, no todo es de color de rosa, el baño es pequeño, las instalaciones antiguas, y el desayuno es caro.Quai de Narbona

Decidimos pasear por el centro para estar mejor ubicados al día siguiente. Bajamos por la Rue Mosaique y llegamos al Quai Victor Hugo en un suspiro. Tras esta primera toma de contacto, volvimos pronto al hotel para cenar de nuestras provisiones y descansar, porque estábamos algo agotados del coche.

atardecer-en-narbona

Al día siguiente disfrutamos de Narbona, que tiene mucho que ver ¡¡no falléis!!

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